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El Ejército conmemora el 153 aniversario del fallecimiento del General Don José de San Martín



 

 

Mensaje del Jefe del Estado Mayor General del Ejército con motivo de conmemorarse el 153° aniversario de la muerte del General San Martín

 

El 17 de agosto de 1850, en Boulogne Sur Mer, pasaba a la inmortalidad el más preclaro ciudadano y soldado nacido en esta tierra.

 

Han transcurrido 153 años desde entonces, y el tiempo, lejos de socavar la gloria de aquellos días, nos permite contemplar en toda su dimensión una gesta fundada en valores de legitimidad universal, conducida con audacia e inteligencia y realizada con coraje, entrega y renunciamiento.

 

Por ello, su muerte, más que movernos a duelo, nos debe motivar a la reflexión, a la sana alegría de tenerlo palpitando en cada bandera que luce al tope de un mástil, en cada uniforme de nuestro Ejército, en cada escuela, plaza o calle que lleva su nombre.

 

Está presente con sus enseñanzas y ejemplos, con ese legado de virtudes excelsas que hablan de su grandeza y de su entrega al bien común.

 

El General Mitre condensa sabiamente todo este numen al decir: fiel a la máxima que regló su vida; “fue lo que debía ser”, y antes de ser lo que no debía, prefirió “no ser nada”. Por eso vivirá en la inmortalidad.

 

Fue lo que debía ser, el soldado que el destino marcó para dar la libertad a media América, el creador de ejércitos que fundaron naciones e instituyeron repúblicas, sustentados en conductas éticas intachables que señalan el deber ser de toda organización militar.

 

Su gloria tan merecida en nada lo envaneció y como dijera Alberdi: “al ver el modo cómo se considera él mismo, se diría que este hombre no había hecho nada de notable en el mundo, porque parece que él es el primero en creerlo así”.

 

Esa sencillez, esa humildad, ese altruismo y dignidad son rasgos que caracterizaron sus actos tanto en las victorias como en los hechos más comunes de la vida cotidiana.

 

Hoy, como es tradición, a las tres en punto de la tarde, a lo ancho y a lo largo de la Patria, los argentinos honramos la memoria del Libertador, haciendo efectiva su máxima que “al americano libre corresponde transmitir a sus hijos la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos”.

 

Nosotros, los soldados herederos de su legado tenemos el deber y la obligación de seguir sus enseñanzas, de aprender cómo se ejerce el mando y cómo se debe servir a la Nación, superando las dificultades que se presenten y aceptando que la ingratitud puede ser el laurel del triunfo.

 

El esfuerzo, el valor, el renunciamiento a los honores y al beneficio personal, la subordinación de los intereses sectoriales al objetivo claro y nítido de la emancipación americana y la permanente defensa de nuestra soberanía fueron rumbos que señalan, de manera inconfundible, la estirpe militar sanmartiniana de la que somos orgullosos custodios.

 

Interpretemos las ideas del conductor militar más sobresaliente de nuestra historia, el que tuvo como ningún otro una coherencia absoluta entre el pensamiento y la acción, aplicando todas sus potencialidades espirituales y físicas a la realización de su obra.

 

Guiados por esas huellas abramos nuevos caminos buscando el perfeccionamiento profesional, volcando nuestro entusiasmo en la tarea de participar en un nuevo proyecto nacional que nos contenga a todos los argentinos y nos permita superar los problemas del presente y construir un futuro mejor para nuestros hijos.

 

General José de San Martín, libertador de medio continente americano y padre de la Patria de los argentinos, aquí está su Ejército listo para iniciar una nueva jornada en la gloriosa historia de la Nación.

 


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